Con lo que me gusta a mí el sur de Francia, y tenía yo en mis pendientes conocer Saint-Émilion. Este pueblo mundialmente conocido por sus viñedos (que son incluso Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO) esconde además un precioso entramado de calles medievales talladas en piedra caliza. ¿Quieres saber qué ver en Saint-Émilion? Pues sígueme.


Saint-Émilion se encuentra a solo 40 kilómetros (1 hora en tren o en el bus 304) de la maravillosa Burdeos, con su Ciudad del Vino y sus puertas medievales como sacadas de Disney. Te dejo aquí también mi guía de la ciudad bordelesa para que aproveches a tope.

Para dormir en Saint-Émilion en mi caso monté mi tienda de campaña en el camping Yelloh que hay junto a la localidad, pero si quieres pasar la noche en el meollo, este apartamento es monísimo, la verdad.
Sitios principales que visitar en Saint-Émilion
Abajo voy a ahondar en el mundo vino de Saint-Émilion, porque ya sabes que me encanta visitar bodegas y aquí el destino es que se presta a eso. Pero antes, voy a contarte cuáles son los monumentos y lugares imprescindibles que ver en Saint-Émilion pueblo, porque resulta que es que encima es una cucada y tiene alguna sorpresita que para qué queremos más.


Si como fue mi caso vas en coche (puedes alquilarlo aquí desde el aeropuerto de Burdeos por ejemplo) mi recomendación es que lo aparques en la zona gratuita llamada Espace Guadet. Si no, hay parkings de pago igualmente.
A pesar de su pequeño tamaño, Saint-Émilion atesora no pocos atractivos, y algunos, como su Iglesia Monolítica, son realmente abrumadores. Puedes limitarte a dar un paseo y gozar de su encanto, pero te recomiendo que lo visites en profundidad porque tiene mucho que ofrecer.
Y ahora sí, qué ver en Saint-Émilion en un día:
Iglesia Monolítica de Saint-Émilion y sus subterráneos
En la antigua Plaza del Mercado se ubica este templo del siglo XII, que es el lugar más importante que visitar en Saint-Émilion. Su mayor particularidad es que está excavada en un único bloque de caliza («mono» uno y «litos» piedra) y hasta la punta del campanario mide 68 metros de altura.
Solo puedes adentrarte en ella con una visita guiada (se reserva en la Oficina de Turismo o desde su web y la hay en español), y si estás en duda ya te digo yo que merece muchísimo la pena porque es la única forma de conocer su interior. Previamente se hacen un par de paradas subterráneas increíbles.
Antes de acceder, fíjate en algunos detalles. Por ejemplo las figuras decapitadas del pórtico exterior, acto que obviamente sucedió durante la Revolución Francesa para mostrar oposición al clero. O las tres ventanas opacas situadas a la derecha, que marcan cada una de las naves.


Una vez cruzamos la puerta que nos flanquea la guía, no se pueden hacer fotos. Pero comenzaremos visitando la cueva de Saint-Émilion.
Cueva de Saint-Émilion y el trono de la fertilidad
San Emilio fue un ermitaño que se mudó a una gruta en soledad para vivir de forma autárquica por allá por el siglo VIII. Practicaba la fe católica y nunca fue canonizado porque realmente su existencia son especulaciones, ya que hay muchos anacronismos en su historia. Pero bueno, creamos que sí que habitó la cueva junto a la iglesia en la que hoy podemos refugiarnos.
En el interior podemos ver lo pequeña que es la estancia. Prácticamente de lo poco que hay en ella es un altar que encima fue añadido en el siglo XVII.

Pero lo más particular que ver en Saint-Émilion en su guarida es el asiento de piedra en el que el monje se sentaba a reflexionar, denominado desde el siglo XVIII el trono de la fertilidad. Muchas mujeres reposan sus nalgas hoy día en él y dicen que al poco, se quedan embarazadas. En la Oficina de Turismo tienen un álbum enorme de bebés llamados Emilio, Emily, Emil, etc. de parejas que se sentaron en el trono. Durante mi recorrido una chica pidió hacerlo de hecho.
Capilla de la Trinidad
Justo encima de la cueva encontramos esta capilla entre gótica y románica del siglo XIII, que se erigió para acoger al gran número de peregrinos que acudían constantemente a este punto.
Lo más curioso de ella son sus pinturas medievales, que quedaron protegidas durante siglos gracias al hollín que las cubría y que no fue retirado hasta hace apenas 30 años. Podemos apreciar la Trinidad, la Virgen y el Niño, la Crucifixión, la ordenación de un sacerdote y Juan Bautista con el cordero pascual. Fíjate en las de abajo, que son figuras medio humanas medio animales que representan los pecados capitales (hombre-pavo la vanidad, mujer-conejo la lujuria, etc.).

Por cierto, las vistas de la capilla y la plaza de la foto de arriba se consiguen desde el mirador de la Place du Clocher, junto al Campanario de la Iglesia Monolítica.
Catacumbas y visita al interior de la iglesia
Antes de entrar a la iglesia, se visitan las catacumbas, que conectan con la gran nave del templo a través de una puerta. Estaban excavadas en roca y en ella se enterraban a monjes y nobles varones. Llama la atención de los nichos que son antropomórficos y su pequeño tamaño (eso es así porque solo se ponían en ellos los huesos).
La iglesia es enorme, un gran espacio oscuro y desangelado que impacta bastante con sus 38 metros de largo por 20 de ancho y 12 de alto. Te van a llamar la atención de inmediato los remaches metálicos que garantizan hoy día su pervivencia, debido a que se eliminó un sistema de drenaje de agua hace años y esta subió por capilaridad haciendo grandes rajas, con que no ha quedado otra que reforzar las columnas de esta manera tan peculiar.
Dentro encontramos una escena incompleta del bien y el mal con una figura que algunos identifican con un dragón, otros con un lobo… ¿Qué opinas tú? Arriba en el techo hay un par de ángeles.

Espectacular, ¿no crees? Top 1 que ver en Saint-Emilion.
Rue du Tertre de la Tente
Si te digo que «tertre» significa colina o montículo, creo que ya puedes hacerte una idea que que esta es la calle más empinada que ver en Saint-Émilion. Es asimismo tan resbaladiza que han instalado en ella hasta una barandilla. Desemboca en la Place l’Église Monolithe y la imagen es muy chula.

Claustro de la Colegiata
La Iglesia de la Colegiata, en estilos gótico y románico (ya vemos que este mix molaba), acogió a monjes agustinos desde su construcción (siglos XII-XV) hasta la Revolución Francesa.
El elemento más llamativo es su increíble claustro, con un jardín central que representa el Edén. En él hay enterrados además de clérigos, algunos nobles que pagaban por descansar la vida eterna en el corazón del monasterio.
Un detalle que sorprende es un gran mural contemporáneo de madera pintada de 38 metros de largo por 5 de alto llamado El Apocalipsis (me recordó al de Angers). Por cierto, esta palabra significaba en griego «revelación«.

Claustro des Cordeliers
Este antiguo convento franciscano (que recibe el nombre por el cinturón usado en la orden), es en la actualidad un gran espacio comercial dedicado al turismo.
Es un rincón muy chulo para ir a tomar algo y hacer un picnic, porque la zona del claustro y los jardines es ideal, pero no tanto para comprar vinos, porque los precios están algo inflados. Más abajo te cuento un sitio perfecto para surtirte a buen precio.

Palais Cardinal y las Grandes Murallas
Del Palacio del Cardenal (siglo XII) poco más se conserva que uno de sus muros de piedra. Estos escasos vestigios arquitectónicos son sin embargo suficientes para comprender que en esa época Saint-Émilion vivió sus años dorados; entre la extracción de piedra caliza, el vino y las reliquias de Saint-Émilion, estaba on fire.
La denominación procede de que en él habitó Gaillard de la Mothe, sobrino del Papa Clemente V.

Otras ruinas de murallas entre viñedos son las del viejo convento dominico de la localidad del siglo XIII, «las Grandes Murallas«. Durante la Guerra de los Cien Años los monjes lo abandonaron y las tropas francesas se refugiaron en él, ya que era un buen punto de observación y defensivo.
Fue destruido y solo queda un pequeño trozo de pared que se van comiendo las viñas del Château Les Grandes Murailles.
La Torre del Rey
Esta solitaria torre románica es bastante misteriosa. No se conoce su fecha exacta de construcción y tampoco se tiene confirmación de que ningún rey fuese responsable de su creación a pesar de su nombre; pero es claramente visible desde casi cualquier punto gracias a sus 32 metros de altura sobre una loma rocosa.
Para una de las mejores panorámicas que ver en Saint-Émilion tendrás que ascender sus 118 escalones.

Otros lugares que visitar en Saint-Émilion
– Las Halles du Marché: un antiguo mercado cubierto que se abre al exterior a través de una serie de arcos.
– Porte de la Cadène: separaba las partes alta y baja de la ciudad. En la primera se encontraban los estamentos religiosos. Junto a ella encontramos la única casa entramada de la localidad. Otra puerta interesante es la de Brunet.
– Lavaderos: en la villa hay un par de lavaderos medievales. El más llamativo que ver en Saint-Émilion se ubica a los pies de la Torre del Rey y se le conoce como Fuente del Rey, es donde se lavaba la ropa de los nobles. En la calle rue de la Petite Fontaine hallamos otra más discreta, la del populacho.

Dónde comer en Saint-Émilion
Después de tanto turisteo seguro que se nos ha abierto el apetito. Pues bien, yo te voy a lanzar la recomendación definitiva de restaurante en Saint-Emilion, toma nota:
La Table 38
Este pequeño bistró del centro de Saint-Émilion es un lugar ideal para una cena con productos locales acompañada de un buen vino (tiene una oferta por copas súper interesante).
Ofrece tanto platos fijos como otras sugerencias del día que van cambiando y que son igualmente apetitosas. Puedes probar el pato, las verduras de la huerta o deleitarte con algún capricho dulce. Además, es dog-friendly.

Probar los macarons de Nadia Fermigier
Entre las cosas que ver en Saint-Émilion me he saltado las ruinas del Convento de las Ursulinas porque queda poco, pero quiero que sepas que hasta él llegaron en el 1620 los macarons, ese dulce tan típico de Francia compuesto por harina de almendras, claras de huevo y azúcar.
Dicen que los únicos que siguen la receta original son los de la Confitería Nadia Fermigier, así que ya sabes. Pero te voy a decir una cosa, por chovinistas que sean los franceses, el origen del macaron es siciliano.

Visitar bodegas de Saint-Émilion y probar sus vinos
Todo el entorno que rodea a Saint-Émilion es impresionante. Un paisaje que deja sin palabras en el que las lindes que separan a un château de otro se diluyen y solo aprecias un mar de viñedos infinito que te hace soñar con deleitar el paladar con sus dos DO, Saint-Emilion y Saint-Emilion Grand Cru.
Algunas de las mejores cosas que hacer en Saint-Emilion en torno al enoturismo son:
Comprar vinos en la UDP Saint-Émilion
La Unión de Productores de Saint-Émilion es un comercio ideal tanto para probar vinos diferentes como para comprar botellas de pequeños viticultores que además están a muy buen precio.
Aquí puedes encontrar una oferta muy variada de pequeños viñedos familiares con poca infraestructura que llevan sus uvas a la UDP para que allí, que cuentan con buena maquinaria, se las conviertan en vino como por arte de magia. Pero no mezclan las uvas de todos en plan cooperativa, cada uno sale con su pertinente etiqueta.
Hay muchísimos vinos para probar y si vas a comprar puedes catarlos gratis (si no sí que costaba algo pero poco). Yo la verdad que degusté un montón y compré un popurrí de botellas para traerme a casa.

Catas de vinos de la zona
Pero son muchas las tiendas, bodegas, bares, etc. que ofrecen la posibilidad de hacer catas de vinos.
Nosotros disfrutamos de unas catas muy divertidas organizadas en nuestro propio camping. Cada semana traen a una bodega que presenta su producto de una forma amena y contando curiosidades. A nosotros nos tocó Château de La Dauphine.

Château La Croizille – Bodega de Saint-Émilion
Esta es una de las bodegas más populares para conocer un poco de los vinos de Saint-Emilion. Lo guay es que aúna realmente dos fincas vinícolas, una que sigue el procedimiento tradicional, y otra que emplea técnicas mucho más vanguardistas, así que la visita es realmente bastante ilustrativa y además tienen tours constantemente.
Al final evidentemente haces una buena cata de distintas botellas con unas vistas fabulosas y puedes comprar algunas si gustas. Te recomiendo llevar tu hora reservada con antelación porque si no es un poco un lío.

Visitar una bodega de Pomerol
A apenas 10 kilómetros de Saint-Émilion se da una denominación de origen de vinos con características bastantes diferentes debido sobre todo a la diferencia de suelo, que pasa de ser calizo a arcilloso. Esta DO es Pomerol, tiene menos hectáreas y por tanto es un vino algo más exclusivo. La bodega más prestigiosa es Petrus.
Nosotros visitamos el Château Bonalgue (puedes reservar aquí) y nos flipó. Primero porque aceptan encantadísimos a perritos y fue un alivio al ir con Bora, segundo porque la explicación en español fue súper amena y entretenida, y tercero porque el château es una monada (tiene unas habitaciones de hotel que son para quedarse) y los vinos están deliciosos. Muy fan.

Y hasta aquí mis imprescindibles que ver en Saint-Emilion y algunas bodegas molonas para catar sus famosos caldos. No me importaría volver, la verdad.



8 Comentarios
Gracias por el post, muy útil… salvo la recomendación del restaurante. Un sitio feo y caro, con más moscas que comensales, cables por el suelo, el filete más duro que me he comido en la vida a precio de oro, camareras desagradables, el baño roto, y un perro ladrando. Posiblemente el peor de Saint Emilion.
Hola, a mí me gustó mucho, y tiene un 4,4 en Google o sea que no soy la única, pero está claro que cada uno tiene su propia experiencia.
Eskerrik asko oso politta
:).
Una pregunta, si vas con niños de 10 y 14 años, se pude ir al la UDP y hacer cata de vinos. Como lo ves? O alguna bodega.
Sí, no habrá ningún problema! En algunas bodegas sirven mosto para los menores.
la visita a la iglersia hay que pagarla, pero al resto de monumentos (torre , clasustros ect) jay que pagar?
El claustro no, y la torre no se sube. O sea la visita de pago son los subterráneos con la iglesia.