La Isla de Ré es una perla en la costa Atlántica francesa de apenas 30 kilómetros de largo y 5 de ancho a la que le tenía echado el ojo desde hacía bastante tiempo. Sin embargo, este islote es un completo desconocido fuera de sus fronteras, y a todo el que le decía que iba a Île-de-Ré de vacaciones, me miraba como si estuviese hablando de la misma Cochinchina.


Cómo llegar a Ré: no hace falta coger ningún ferry para cruzar a esta isla, desde 1988 basta con tomar el puente de 3 kilómetros que la une a la hermosa La Rochelle, en el centro-oeste de Francia, para acceder a este paraje natural tan alucinante (previo pago de 16 euros de ecotasa en verano – 8 el resto del año- eso sí).

Para dormir en la Isla de Ré nosotros elegimos un camping fabuloso en la playa llamado Huttopia, muy cerca del pueblo Ars-en-Ré. Aunque hay hotelitos encantadores, es uno de esos sitios donde estar entre árboles y arena es un plus. Y si no tienes tienda ni furgo, no problem, disponen de bungalows y alojamientos ya instalados chulísimos.
Qué ver en la Isla de Ré, belleza insólita en la costa oeste francesa
A menudo pensamos que hay que ir muy lejos para conseguir sorprendernos, y luego descubrimos lugares como la Isla de Ré que de un plumazo nos borran los prejuicios acerca de esa escasez de maravillas cercanas. La Île-de-Ré es un destino tan a la mano como exuberante, con un halo salvaje aún impregnado en su salitre que no deja indiferente a nadie. Un canto de sirena imposible de desoír.
Ré es una Costa Azul menos sofisticada, pero mucho más auténtica y menos explotada. Pese a esto, son muchas las celebridades que han caído rendidas a sus encantos, y entre sus calles recoletas con postigos verde pastel y malvarrosas, puedes cruzarte a Juliette Binoche, Jean Reno o Gérard Depardieu, pasando una jornada cualquiera.

Dicho lo anterior, aquí te dejo algunos planes e ideas de qué hacer en la Isla de Ré, ya vengas un día o como yo, te quedes toda una semana:
Pasear por sus 10 pueblos
La Isla de Ré está formada por tan solo 10 pueblos y su población en invierno no pasa de los 16.000 habitantes (cantidad que se ve exponencialmente multiplicada durante el verano). Mi recomendación es viajar como yo en septiembre, cuando aún hay ambiente pero está todo mucho más tranquilo y apacible.

Voy a ahondar enseguida en las localidades más significativas, pero te dejo aquí escrita la lista de la decena: Ars-en-Ré, La Flotte (los dos en la lista de Pueblos más bonitos de Francia), Rivedoux-Plage, Saint-Martin-de-Ré (la capital), Loix, Les-Portes-en-Ré, Saint-Clément-des-Baleines, La-Couarde-sur-Mer, Les-Bois-Plage-en-Ré y Saint-Marie-de-Ré.
Ars-en-Ré
Ars-en-Ré se nos convirtió en hogar durante la semana que pasamos en Ré, y es que nuestro campamento estaba a un paseo de escasos 30 minutos de su casco viejo. El encanto de esta diminutez pronto te convencerá de por qué merece estar entre le plus beaux villages franceses.
El característico campanario en blanco y negro visible desde la lontananza es uno de sus rasgos característicos. Tiene 40 metros de altura y pertenece a la Iglesia de Saint-Etienne. Hay constancia de la misma desde el siglo VI, aunque ha sufrido numerosas remodelaciones. De hecho, aúna en la actualidad los estilos prerrománico, románico y gótico.
Una caminata entre sus callecitas empedradas te conducirá a su puerto deportivo, con algunos cafés donde tomar algo al caer la tarde. Para «una cena de picoteooo» te aconsejo sin embargo La Tour de Sénechal, donde podrás probar varios vinos locales por copas.

La Flotte
El otro gran pueblo en hermosura en la Île-de-Ré es La Flotte, fundada por un grupo de monjes en el siglo XII, y bastante del estilo de Ars-en-Ré. Su templo más importante hoy día es la Iglesia de Santa Catalina, del siglo XV pero con fachada del XIX.
Pero sin duda su rincón más especial es el mercado medieval, una placita con soportales que realmente se construyó en 1804 pero con un look muy del medievo, en la que cada mañana montan un mercadito adorable con frutas, pescados, quesos… genial para hacerse con avituallamiento. Yo compré muchas cositas para hacer una barbacoa en el camping por la noche.

De la época cisterciense nos quedan a las afueras las ruinas de la Abadía des Châteliers. Es curioso, porque fueron estos monjes los que retomaron el tema vinícola en la isla que ya habían iniciado los romanos anteriormente pero que se encontraba en standby por aquellos tiempos. Cerca queda también el Fuerte de la Prée.

Saint-Martín-en-Ré, la capital
San Martín es la capital de la isla, y a pesar de ser pequeñita, lo cierto es que esta distinción se nota en sus calles. Su puerto está poblado de yates atracados (puedes navegar al atardecer), hay infinidad de coquetos restaurantes y no faltan las tiendas ofertando distintas delicatessen, especialmente en rue de Sully y rue de Jean Jaurés (por cierto, prueba los helados de La Martinière, un must).
Pero además, en ella hay una de las 13 Fortificaciones de Vauban que pertenecen en conjunto al Patrimonio Protegido por la UNESCO, obras del ingeniero militar de Luis XIV, el Rey Sol.


En los fosos de esta localidad es común ver a los burros locales de Ré, que tienen la peculiaridad de un pelo muy largo y enredado que recuerda a las rastas. Algunos llevan una especie de pantalones (que yo no vi, solo en souvenirs) dicen para protegerles de la picadura de un mosquito que se ceba con sus patas.
Buscar tesoros en Atélier Quillet
En el acogedor pueblo de Loix, que se enclava en las marismas algo apartado de los demás y a los que solo une el puente de Feneau, hay un tesoro enorme que hace que merezca la pena el desvío.
Hablo del atélier Quillet, una librería especializada en ejemplares antiguos que restaura y ofrece a la venta. Puedes encontrar desde ediciones preciosas de Julio Verne a La Divina Comedia de Dante con ilustraciones de Dorée.

Alquilar una bicicleta – De lo mejor que hacer en Ile-de-Ré
La isla cuenta con 110 kilómetros de carril bici, así que es un verdadero paraíso para los amantes del ciclismo slow.
Hay numerosos locales que ofrecen servicio de alquiler de bicicletas, bicis eléctricas, tándems y todo lo que te puedas imaginar. Nosotros reservamos un par de bicis y un tráiler para llevar a Bora en nuestro propio camping y fue una experiencia muy divertida (aunque no sé si nuestra perrita opina lo mismo jaja).
Hay infinidad de rutas para seguir, nosotros optamos por hacer un recorrido junto a las salinas hasta la playa y el paisaje era muy chulo, con un montón de pájaros, muy relajante y sencillo, todo llano.

Subir al Faro de las Ballenas
Desde la Iglesia de Saint Clément en Saint-Clément-des-Baleines parte un sendero de 6 kilómetros ida y vuelta hasta el famoso Faro de las Ballenas, uno de los enclaves más evocadores de la isla y que solo por él mismo, ya merece la pena.
Este faro tiene casi 60 metros y es uno de los más altos de Europa. Se construyó en 1854 como sustituto de la Torre de las Ballenas, que llevaba en funcionamiento dos siglos.
Te preguntarás por qué el nombre de Faro des Baleines. Pues sí, a lo largo de la historia se han quedado varadas en este punto no pocas ballenas. Y no fueron las únicas. Tras encallar un par de barcos en el siglo XVII, se decidieron por tomar medidas al respecto instalando la primera torre.
Solo 257 peldaños de escalera de caracol te separan de unas espectaculares vistas oceánicas, me enamoraron. Fíjate cómo las olas hacen cuadrados a vista de pájaro por el choque de corrientes bajo sus aguas. Sin duda, una de las mejores cosas que hacer en la Isla de Ré. Además, puedes divisar la antigua torre a sus pies.

Conocer sus marismas y salinas
Si eres pajarero, como avanzaba la Isla de Ré también es un edén para los ornitólogos gracias a su enorme extensión de marismas, a las que innumerables especies de aves acuden con entusiasmo.
Tienen añadidas la particularidad de que en ellas se dan salinas, incluso hay un Ecomuseo Marant Salant, de la Sal. El Oro Blanco que llaman a las 2.000 toneladas que exportan cada año. Me sorprendió que si vas en bici hay muchas mesitas con cajas con paquetes de sal y flor de sal y una hucha para llevártela a casa, colocadas por distintos productores.

Probar sus ostras
La ostra de la zona de las Marismas de Oléron es considerada por los expertos, la mejor de Francia y en el top 5 mundial. Partamos de que personalmente no soy una gran fan de este molusco, pero bueno, no puedo pasar por alto la recomendación de degustarlas kilómetro cero en vecina la Isla de Ré.
Hay muchísimas cabañas ostrícolas donde puedes pedirlas, pero si buscas un punto con un encanto especial, te aconsejo La Cabane de Feneau, una carpa rodeada de jardines en pleno marjal donde puedes catarlas con una copita de vino blanco escuchando el murmullo del agua.

Visitar algunos de sus viñedos
Y por supuesto no te puedes ir sin probar los vinos de la Isla de Ré, la zona es potente en este sentido, y es fácil ver viñedos a pocos pasos del mar. La combinación de vides con el océano de fondo conforma una estampa preciosa.
La arena y sobre todo la salinidad de las aguas le dan a la tierra unos toques muy particulares que se trasladan en matices a las uvas, confiriéndole un gusto muy fresco y característico a los vinos de la isla.
Hay varias bodegas, nosotros nos decantamos por hacer un cata en Domaine Arica y también compramos varias botellas de Domaine Pelletier.

Ver atardecer en sus playas o practicar algún deporte acuático
No puedo cerrar la conversación sobre Ré sin mencionar algunas de sus mejores playas, que para eso está rodeada de agua, ¿no?
Le-Bois-Plage-en-Ré: este pueblo cuenta con una espectacular playa de arena de 6 kilómetros de largo (realmente son varias continuadas). Es la más famosa y concurrida de la isla. Tiene vistas a Oléron y al Fort Boyard.
Plage Campiotel: es la playa a la que daba nuestro camping. Tiene un atardecer precioso y se ve de lejos el Faro de las Ballenas.
Plage de la Conche: se sitúa junto al faro y aquí se grabó en 1961 la película «El día más largo».
Deportes de agua: en la isla hay numerosas escuelas de kitesurf, surf y otras disciplinas acuáticas. Puede ser un momento genial para iniciarse.

Excursión a La Rochelle y Oléron desde Ré
Por último, ya la he nombrado un par de veces, pero Oléron es la otra gran isla situada bajo Ré. Es de hecho la segunda más grande de Francia tras Córcega y es otro destino perfecto del estilo de Île-de-Ré.
Las cabañas de pescadores de colores de Le Château-d’Oléron, reconvertidas en locales de artesanía junto al Puente des Reves, son un imprescindible. Así como lo es comer en La Courtine.

Entre ambas islas, es de paso obligado La Rochelle, una hermosa villa portuaria con aires medievales, que tiene un bonito mercado de abastos y mucha vida en torno a los dos grandes bastiones que defienden todavía sus barcos en el Port Vieux: Torre de San Nicolás y Torre de la Chaîne.

Y hasta aquí mis recomendaciones sobre qué hacer en la Isla de Ré, un rinconcito al que espero volver pronto.



4 Comentarios
hola! como os moviais dentro de la isla? en coche?
Hola! Tanto en coche como en bicicleta que alquilamos :D.
Nosotros estuvimos la semana pasada, y no tocamos el coche, todo con bicicleta, ESPECTACULAR!!!!!
Sí, sí, se puede!!!