Si solo tienes tiempo para hacer un tour de un día desde la capital de Colombia, mi consejo es que hagas la excursión a la Catedral de Sal de Zipaquirá desde Bogotá. Y si escoges la que además visita la Laguna de Guatavita, mejor que mejor. Te cuento la que yo hice y mi experiencia.

Excursión desde Bogotá en un día: Catedral de Sal y Laguna Guatavita
Una Catedral subterránea construida en una antigua mina de sal histórica y la laguna sagrada en la que se elegía al nuevo cacique y que vio nacer la leyenda de El Dorado. ¿Suena chulandrón el plan o qué? En principio, yo me apunté al tour por el templo, pero al final lo que acabó conquistándome fue Guatavita.

Supongo que con transporte público podría ser posible ir a ambos sitios, pero están lejos tanto de Bogotá como entre sí, así que yo tuve clarísimo que la forma más fácil de aprovechar el día para visitar la Catedral de Sal de Zipaquirá desde Bogotá + Laguna Guatavita era contratando un tour. Nosotros hicimos esta excursión de una jornada muy recomendable. Si prefieres acortar tiempos, esta es de solo la iglesia, pero yo no dejaría de conocer la laguna.
Te voy a hacer un resumen para que entiendas un poco en qué consiste la excursión que te aconsejo por si la quieres reservar y luego te voy a contar curiosidades de estas dos grandes visitas.

La excursión que nosotros hicimos dura unas 12 horas y es bastante completa. Recogen en dos puntos de Bogotá: La Candelaria a las 07:00 horas y el Parque de la 93 a las 08:00 horas. A 5 minutos andando de este último se encontraba nuestro fabuloso hotel en Bogotá, así que de lujo.
Qué incluye el tour de un día que hice yo
En primer lugar se parte desde Bogotá al pueblo de Guatavita (2 horas o 2 horas y media), en el que se hace una pequeña parada para dar una vuelta por libre tras la explicación del guía que te acompaña toda la jornada.

De camino, verás la conocida como Casa Loca de Guatavita, una construcción rarísima del revés que alberga una especie de museo. Si quieres verla bien, siéntate en los asientos de la ventana derecha del bus. El guía te avisa.

Después se pone rumbo a la reserva protegida de Guatavita, con una laguna muy espiritual que dio lugar a la Leyenda de El Dorado (abajo te cuento bien la historia y entro en detalles). Aquí se pasan un par de horas largas.
Terminado esto, se conduce una hora y media hasta Zipaquirá pueblo, donde te llevan a un restaurante un tanto folklórico para comer (el almuerzo no está incluido pero el sitio no es nada caro).

Y ya con el buche lleno, toca el plato fuerte del día, que para eso estamos en la excursión a la Catedral de Sal de Zipaquirá. En este templo se emplean entre 2 y 3 horas porque como te cuento más abajo, hay un universo ahí abajo.
Finiquitado todo tranquilamente, se toma el camino de vuelta a Bogotá (una hora y media). Nosotros aprovechamos para cenar en las proximidades del Parque de la 93. Lo hicimos en un sitio muy glamuroso llamado Mambo Latin Nikkei, con comida latina con toques japos. Puedes leer más recomendaciones culinarias en Bogotá en este artículo.
Reservar la misma excursión:

Habrás podido comprobar que este tour de un día a la Catedral de Zipaquirá y la Laguna Guatavita es completísimo y súper aconsejable. Si quieres reservar tu plaza puedes hacerlo aquí.
Y ahora sí te voy a contar bien por qué son tan especiales la Laguna de Guatavita y la Catedral de Zipaquirá:
La Laguna Guatavita y el nuevo cacique
Arriba ya he hablado de que la Laguna de Guatavita es un enclave crucial en la cultura prehispánica por su trascendencia cultural en la ceremonia del nuevo cacique de los Guatavitas. Aquí el porqué:
El cacique y la Leyenda de El Dorado en Colombia
En sus aguas tomaba posesión el nuevo dirigente dinástico tras haber pasado 9 años en una cueva (uno por cada mes de gestación) siendo el elegido el sobrino del cacique vigente (para garantizar el linaje, pues un hijo del propio cacique no tenía cien por cien garantía de tener lazos de sangre mientras que si paría una mujer – su hermana – seguro era miembro familiar).
En la ceremonia el joven era untado con miel y espolvoreado con oro y sobre una balsa navegaba la laguna de madrugada esperando recibir por primera vez en casi una década los rayos de sol al amanecer. Todo el mundo preparaba ofrendas de oro y piedras preciosas que eran lanzadas a Guatavita.
Hay una representación perfecta de esto en el Museo del Oro de Bogotá, la llamada Balsa Muisca, de la que te dejo foto.

La celebración de este evento llegó a oídos de colonos españoles (y posteriormente alemanes e ingleses) que movidos por la avaricia emplearon toda clase de artimañas para localizar ese enclave lleno de tesoros que denominaron como El Dorado, naciendo así esta historia legendaria.
La visita a la Laguna Guatavita
Aunque el guía de la excursión nos acompañó en todo el recorrido, para el paseo de dos horas dentro del espacio forestal protegido de Guatavita (cuya entrada ya está incluida con el tour) va contigo un guarda forestal del parque. En mi caso me tocó la guía González, una auténtica crack que nos hizo vivir la visita como una aventura.
Nos explicó cómo vivían los guatavitas, nos enseñó palabras en lengua indígena, nos ayudó a diferenciar plantas (algunas muy tóxicas)… todo esto haciendo paradas a lo largo del camino porque aunque no es largo, se sube a más de 3.000 metros y se nota en el corazón cada paso como un gran esfuerzo por la altura.
Una de mis partes preferidas fue cuando nos enseñó la importancia de los frailejones, una especie que se da solo en los páramos y que es esencial en el ecosistema por su capacidad de absorber humedad y trasladarla al suelo. De hecho, te dejo una canción imprescindible para aprender si vas a viajar a Colombia, la del Frailejón Ernesto Pérez.
Además de toda esta enseñanza histórica y botánica, fue ella quien nos transmitió la historia de los caciques, las ofrendas y la leyenda de El Dorado, y consiguió contagiarnos totalmente del magnetismo que desprendía y aún desprenden las aguas de este ojo circular. Llegas allí, a los distintos miradores y sientes que estás en un sitio muy especial. Para mí fue increíble y no soy una persona que se emocione fácilmente.

Como decía al principio, yo fui a la Laguna de Guatavita un poco de rebote porque la incluía la excursión, y para mí se convirtió sin duda en el highlight del día.
Catedral de Sal de Zipaquirá
La Catedral de Sal de Zipaquirá por su parte es un templo imponente construido a 180 metros de profundidad en el siglo XX bajo las órdenes del arquitecto Roswell, aprovechando unas viejas minas de sal en desuso.
Tendrás que atravesar un largo túnel de madera que va sumergiéndote en un largo viacrucis que desemboca en una gran nave con esculturas, lámparas, cruces y bancadas. Como una iglesia de lo más normal que en lugar de frescos tiene roca en sus paredes y en la que desde luego no encontrarás vidrieras.

El tour que llevábamos reservado tiene también incluida la entrada a la Catedral de Sal (y no es moco de pavo porque cuesta casi 30 euros). En ella te acompaña un guía tipo minero que te va contando datos de cada una de las paradas del viacrucis. Este tiene distintos tipos de cruces que desembocan en la gran nave donde te dejan mucho tiempo libre para que explores a tu aire.
Experiencias subterráneas en las minas de Sal
Cuando me dijeron que dejaban bastante rato libre yo que no sabía bien lo que había más allá de la iglesia pensé en qué íbamos a hacer todo ese tiempo. Pero resulta que por si lo de la catedral no fuese ya suficiente impactante, hay todo un complejo turístico ahí abajo.
Como te lo digo, a casi 200 metros de profundidad podrás desde tomar café en un local cuqui a hacerte un tratamiento de spa en las manos con sal (nuestra excursión lo incluía y era graciosete). Además, cuenta con un montón de tiendas de esmeraldas y souvenirs varios. Hasta pueden entrar los perritos en unos carros grandes que te facilitan.

Mi opinión personal es que es más estrambótico de lo que pensaba inicialmente. Yo creía que era un sitio más de culto (que lo es, hacen hasta bodas) y no era consciente de toda la parafernalia extra que hay (si es que hasta tienen un trenecito que te lleva a la puerta). Me recordó un poco al parque de atracciones en unas minas de sal que visité en Rumanía. Sea como fuere, es un sitio que no te deja indiferente.
Y esta ha sido mi experiencia con este tour de un día desde Bogotá a la Laguna Guatavita y la Catedral de Sal. Te lo recomiendo al cien por cien.


