Hay destinos que se planean con una lista de monumentos y otros que se te despiertan como una especie de llamada silenciosa. El Tíbet, uno de los viajes más espirituales que existen, pertenece a esa segunda categoría. Si te estás embarcando en esta aventura toma nota de mis consejos para viajar a Tíbet porque son fundamentales.

Durante años imaginé monasterios colgados de colosales montañas, coloridas banderas de oración ondeando con el viento y carreteras infinitas atravesando paisajes inefables. Pero viajar al Tíbet no es como organizar una escapada cualquiera. Requiere paciencia, preparación y cierta capacidad para adaptarse a la altura… y a su sensibilidad.
Recomendaciones antes de un viaje al Tíbet
Si estás pensando en viajar al “techo del mundo”, aquí van varios consejos para viajar a Tíbet que me habría gustado leer antes de empezar a preparar este periplo:
1. Necesitas agencia y permisos especiales
El primer gran detalle que mucha gente desconoce: no puedes viajar al Tíbet por libre.
Para visitar Tíbet debes ir con agencia. Nosotras en concreto hemos organizado nuestro viaje con Eastogo, una empresa china especializada en rutas un tanto diferentes, con personalidad. Los recomiendo de corazón porque la experiencia con ellos ha sido fantástica. Deseando repetir.

Además del posible visado para entrar en China (los españoles ahora mismo para menos de 30 días y fines turísticos no necesitan) para poder acceder a la Región Autónoma de Tíbet hace falta el TTP, un permiso especial. A nosotras nos lo tramitó Eastogo, ellos se encargaron de absolutamente todo.
Mi recomendación es empezar a preparar el viaje con tiempo. Hay que organizar mucho (aunque delegues en agencia) y son necesarios varios trámites; el Tíbet no es precisamente un destino de compro vuelos e improviso.

Y sí, al principio puede sonar un poco caótico. Pero después entiendes que parte del viaje empieza incluso antes de despegar. De hecho, te sugiero que leas bastante sobre sus singularidades previamente para entender bien a dónde vas.
2. La altura no es una broma
Lhasa está a unos 3.650 metros de altitud. Lo voy a repetir porque merece dramatismo cinematográfico: tres mil seiscientos cincuenta metros. No sé si esto es entrar por la puerta grande, pero sin duda lo es por la puerta alta.
Aunque estés en buena forma física, el mal de altura puede aparecer igualmente. Dolor de cabeza, cansancio, mareo o dificultad para dormir son sensaciones bastante habituales los primeros días.
Algunos consejos que ayudan muchísimo a paliar los síntomas:
– No hagas esfuerzos físicos fuertes al llegar. Tómatelo con calma un par de jornadas.
– Bebe mucha agua. La falta de oxígeno deshidrata muchísimo, es de locos, te vas a notar los labios pelados enseguida.
– Evita el alcohol al inicio y come ligero (para no tener digestiones pesadas que necesitan mucho flujo sanguíneo).
– No te duches con agua caliente, es vasodilatadora y eso va regunlinchis cuando de por sí el oxígeno no fluye con normalidad por tu cuerpo.
– Todos los alojamientos tienen a disposición oxígeno y humidificador, parece una tontería pero enciéndelos, van bien para el dolor de cabeza y la sensación de falta de aire. La agencia además nos dio una botella portátil a cada una para llevar encima.
– Sube poco a poco si tienes oportunidad. No te vayas al Campamento Base del Everest (5.200 metros) el segundo día, please.
– Existen medicamentos para el mal de altura, como el Edemox, pero mejor siempre informarse previamente en el Centro de Vacunación Internacional.
Seguro de viaje que cubra Tíbet
No obstante mi mejor consejo es simple: escucha a tu cuerpo. En el Tíbet incluso subir unas escaleras puede ser un reto.

No te fuerces y si pasado un tiempo prudencial te encuentras mal, contacta por chat a tu seguro médico de inmediato. Yo (por la altura) para Tíbet llevaba la póliza Iati Mochilero, que cubre trekkings a gran altitud y que te dejo aquí con descuento.
Generalmente los síntomas son leves y a los dos o tres días te empiezas a acostumbrar, pero si persisten, pueden tener consecuencias chungas como edemas pulmonares, así que cero bromas.

3. Lleva un guía local, es la clave
Si algo hizo increíble nuestro viaje a Tíbet con Eastogo fue contar con Sonam, nuestro guía local tibetano.
Que te lo muestre una persona que viva y entienda la idiosincrasia de un territorio tan particular, que practique la fe budista (eje central del viaje), que sea un apasionado de la naturaleza tan brutal que te rodea, que conozca restaurantes deliciosos que no salen en Google Maps, tiendas curiosas, cafés con ambiente autóctono.. es la clave.
Para nosotras un porcentaje enorme de por qué el viaje ha sido tan alucinante es gracias a Sonam (y por supuesto también a Luini, la chica que nos acompañó desde la sede china de Eastogo, más maja que las pesetas y que se encargó de gestionar la parte logística in situ 🫶).

4. Prepárate para un viaje muy espiritual
Incluso si como es mi caso no eres una persona religiosa, el ambiente espiritual del Tíbet se siente constantemente.
Para mí que Sonam fuese tan creyente (incluso se metió a monje de joven) supuso el acercarme mucho más a esa cara tan genuina del destino. Verlo haciendo ofrendas o cánticos oracionales con voz de ultratumba ponía los vellos de punta.
Es imposible no impregnarse de su halo, por todas partes verás decenas de peregrinos haciendo el kora (recorrido circular para llegar a un templo), monjes ataviados con túnicas burdeos, escucharás el sonido de las ruedas de oración girando sin parar, olerás el incienso y la mantequilla de yak derretida en cada capilla… todo tiene una energía muy difícil de explicar si no la vives pero que sentirás rápidamente.
Contemplar ante ti iconos como el Palacio de Potala es muy emocionante. Lo has visto mil veces en fotos, pero en persona tiene algo hipnótico. Casi parece suspendido entre las montañas y el cielo. Y así con todo. Mágico.
Viaja despacio y empápate de todo este ambiente porque es algo que no se puede mostrar en imágenes. Observa en silencio y disfruta, es uno de mis mejores consejos para viajar a Tíbet. Porque es mucho más de lo que has visto del él antes.

5. El clima cambia rapidísimo
Puedes pasar del sol intenso al frío polar en pocas horas, así que hay que ataviarse a la altura de las circunstancias (nunca mejor dicho 😛).
Incluso en verano las noches suelen ser muy frescas, especialmente fuera de Lhasa. Yo he ido en primavera y hace temperatura casi invernal.
Qué llevar de ropa a Tíbet
La mejor técnica es sin duda la de las capas:
– Ropa térmica cerca del cuerpo.
– Pantalones cómodos (se hacen muchos trayectos en furgo sentado).
– Chaqueta cortavientos y chubasquero.
– Calzado a ser posible medio de montaña.
– Pañuelo, gorro y guantes.
– Protector solar del 50 (la radiación por la elevación es muy alta y dañina).
– Bálsamo labial.
– Gafas de sol.

6. Internet: cómo tener datos y cómo hacer pagos
En China muchas apps occidentales están bloqueadas por su Gran Cortafuegos y en el Tíbet la conexión puede ser todavía más limitada.

Para poder utilizar tu teléfono con normalidad necesitas una e-SIM que tenga ya incorporada una VPN. Yo llevaba esta rebajada de Holafly con datos ilimitados. Puedes usar todas las APP con ella menos TikTok que no me funcionaba.
De todas formas, permítete desconectar un poco.

Los pagos se hacen prácticamente siempre con el móvil, a través de las APP Alipay o WeChat. En la actualidad puedes vincular sin problemas tu tarjeta de viajes (yo uso esta) y pagar súper sencillo escaneando los QR de los comercios.

7. Respeta la cultura local
Parece obvio, pero merece la pena recordarlo.
Muchos monasterios tienen normas específicas sobre fotografías, vestimenta o comportamiento. En la mayoría de interiores lamentablemente (aunque gracias a esto los disfrutamos más he de decir) no se permite hacer fotos, así que estate atento a las señales o ante la duda, pregunta a tu guía.
Dicho lo anterior, por contra, serán varios tibetanos los que te pidan hacerte fotos con ellos. Ver occidentales es aún rara avis y les hace mucha ilusión, sobre todo a los adolescentes. Dales el gusto.
También es importante recordar que el Tíbet tiene una situación política y cultural compleja. Viajar con respeto y sensibilidad cambia completamente la experiencia. No hagas preguntas comprometidas pero sí que te insto a que leas sobre todo este panorama actual y de los últimos años porque es bestial.

8. Lleva la mente abierta
El Tíbet no es un destino cómodo en el sentido clásico, las distancias son muy largas y las carreteras infinitas, la altura es un lastre agotador, la comunicación a veces no es muy fluida porque casi no hablan inglés…
No es cómodo. Pero sin embargo es uno de los destinos más especiales que he visitado en mi vida. Si amas la montaña y la naturaleza, los Himalayas no tienen rival en la Tierra. Al igual que es difícil encontrar templos que te remuevan tantas sensaciones como los de Tíbet (y no he visto pocos precisamente).
El Tíbet no se parece a ningún otro lugar, y eso es maravilloso. Es además de esos viajes que te hacen volver a casa con muchas más preguntas que respuestas y a mí personalmente me ha removido mucho.

¿Vale la pena viajar al Tíbet?
Sí. Absolutamente sí. Cada esfuerzo (económico, en tiempo, en pasar check points…) es infinitamente contemplado por la belleza de su naturaleza y la inspiración de sus mantras.
Uno de esos lugares que dejan huella durante mucho tiempo. Aprovecho para dejarte de nuevo la agencia con la que hemos hecho todo nosotras y deseo que ojalá lo vivas con tus propias sensaciones algún día.



2 Comentarios
Fue un verdadero placer compartir contigo un viaje tan memorable. Esperamos poder explorar juntos más destinos fuera de los circuitos habituales en el futuro. A través de tus historias, deseamos que más viajeros curiosos puedan descubrir esta tierra que nos vio nacer y crecer, y que tanto amamos.
Te deseamos todo lo mejor. ¡Te echamos mucho de menos desde este lado del mundo!
Ojalá volver a viajar juntos, ha sido una experiencia maravillosa.