3 olores Baleares que conozco y 3 que quiero descubrir

Hace ya años que visité las Baleares. Tantos, que mis recuerdos de las islas están bastante fragmentados. Creo que de hecho me acuerdo más de sensaciones captadas por los sentidos que de verdadera memoria del viaje.

Era verano y la brisa del mar acariciaba mi cara durante el recorrido en barco. Barco al que por cierto no dejaron de entrar camiones y coches durante un tiempo que me pareció eterno y que me hizo poner en duda su flotabilidad (miedo que se acrecentó cuando antes de embarcar se nos atravesó un gato negro). Pero pronto eso quedó olvidado cuando la sal y el sol invitaron a descansar.

No recuerdo mucho de Baleares, y tampoco quiero hacer un verdadero esfuerzo por recordar.

Las Islas Baleares maravillosas todo el año
Las Islas Baleares maravillosas todo el año

Olores de verano en Baleares

Del verano solo tengo en mente algunos momentos dispersos que curiosamente asocio a olores:

  • El olor a sangría en los paseos marítimos:

    Es increíble lo que a un guiri puede gustarle este brebaje. Se me viene a la memoria uno de los momentos que cómicamente recuerdo de las islas: fue en la terraza de un pub en el que una familia de alemanes estaba bebiendo una jarra de la dulce bebida con numerosas y largas cañitas de colores. Iban con una niña pequeña y una anciana, y quiero pensar que no eran conscientes de que realmente la sangría tiene bastante graduación, porque a la cría y a la octogenaria literalmente se les endulzó el pico y acabaron sonrojadas piripis perdidas… qué curioso.

  • El olor a piel en los comercios:

    Sé que para muchas personas podrá ser una aberración, pero a mí me gusta el olor del cuero. Es intenso y me hace pensar en nuestra parte más primitiva. En las islas hay muchos comercios textiles especializados en piel. Me parece que íbamos buscando una cazadora de cuero, ni sé si la compramos, aunque sí recuerdo que conseguí un monederito de cuero en forma de gorra en el que metí todas las pesetas que formaban parte de mi escaso “presupuesto” para el viaje.

  • El olor a ensaimada en el camarote:

    No creo que llevásemos tantas ensaimadas de vuelta en el barco, sin embargo su perfume impregnaba todo nuestro camarote para desgracia de mi madre, quien pasó uno de los peores trayectos en barco de su vida y por el que aún siente escalofríos cuando huele este exquisito dulce. Merecen un bis a bis para que se perdonen.

No recuerdo mucho de Baleares, y tampoco quiero hacer un verdadero esfuerzo por recordar. Prefiero reservarme y redescubrirlas de cero, en otra época más invernal, con menos gente y más frío, para sentir que piso territorio inexplorado, no solo por mí, sino por la mayoría de incautos que creen que solo merecen la pena en verano, y es que estoy segura de que las Islas Baleares son incluso más bellas en cualquier otra época del año, cuando se tornan un lugar más íntimo y acogedor, más rural, silencioso y puro.

Faro en el Mediterráneo
Faro de Favaritx

Aromas de invierno en Baleares

Del invierno, evoco olores reconocidos en otras partes de España, pero de los que querría descubrir sus matices baleares:

  • El olor a tierra mojada en los senderos:

    Las Islas Baleares son un lugar estupendo para hacer senderismo o caminatas,  y no solo por sus playas, ya que tiene preciosos bosques mediterráneos, especialmente en otoño. En la Sierra de Tramuntana, el camino del Archiduque o la subida de Randa al Monasterio del Cura en Mallorca bien deben merecer una visita. En Ibiza, la ruta hacia la Punta Moscarter junto al mar o de Portimax al faro seguro regalan imágenes para soñar. En Formentera, subir hasta La Mola seguro que mola.

  • El olor a leña quemada:

    Me declaro fan de las chimeneas en invierno, su calor resulta extremadamente acogedor. Eso me hace rememorar escenas baleares de cristal soplado. En las islas existen diversas fiestas de invierno en torno al fuego, como los foguerons, o barbacoas. Tienen que ser mágicas la fiesta de Sant Antoni en Sa Pobla y Sant Sebastià en Palma de Mallorca. Me encantaría poder divisar el humo de alguna chimenea recóndita tostando almendras.

  • El olor a guisos de invierno:

    No somos pocos los que nos dejamos conquistar por el estómago. Baleares promete aroma a fava paradas (potaje de habas con cerdo), a sopa, a cocido… a tradición que invita a refugiarse del frío. La gastronomía tradicional nos espera para entrar en calor y yo no quiero tardar más en presentarme.

No conozco bien las Islas Baleares, aunque tampoco es cierto que las desconozca por completo, por eso creo que retornar a ellas en invierno sería un reencuentro con mi yo de la infancia en un entorno diferente, privado y coqueto, cambiando el bañador por la bufanda y los cócteles por chocolate caliente con churros.

El mar sigue ahí, incluso cuando no está visible; pero su olor es diferente cuando llega el frío, la playa no huele a crema solar, huele a salitre y naturaleza. El invierno balear me llama y yo acudo a su llamada.

Este post forma parte del concurso #BetterInWinter para conocer las Islas Baleares en invierno… (¡con suerte!).

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